Mi vida en libros: Okasan de Mori Ponsowy





La narradora viaja por primera vez a Japón para visitar a su joven hijo, quien se ha ido a vivir a ese lejano país. A la extrañeza y fascinación por esa cultura tan distinta, se le suma el descubrimiento de su propio hijo, ahora un adulto independiente que ha armado su vida en otro lugar, en otra dimensión. Okasan, que significa "madre" en japonés, es una experiencia de vida y un camino hacia la aceptación del rol materno que pone cuestiona viejas categorías sociales. «Un viaje a la belleza de un país lejano y a la belleza de nuestros lazos, tan misteriosos como los territorios desconocidos.» Inés Garland «¿Qué pasa cuando un hijo habla un idioma que a la madre le resulta incomprensible? En un marco de paisajes misteriosos e imponentes, el diario de viaje de Mori Ponsowy enhebra relaciones tan sutiles como profundas e invita al lector a participar de la aventura que implica descifrar lo desconocido.» Irene Chikiar Bauer «Mori Ponsowy es una poeta exquisita. Y esta crónica confirma que ha logrado llevar la poesía a otra dimensión formal. Con Okasan no solo viajé a Japón: viajé, principalmente, al abismo personal, melancólico y bello de una madre que mira a su hijo.» /Josefina Licitra, de la página de Cuspide.

Me crucé con este libro dos veces en la misma semana. La primera vez fue en la radio del auto de papá mientras paseaba con él y con mi hermano. Estaban hablando fuerte de política y no pude distinguir muy bien el nombre, solo escuché un poco de lo que trataba. Me había corrido al costado del asiento para estar más cerca del parlante.
No recuerdo bien si lo termine encontrado porque me apareció después de buscar palabras en el buscador o sí lo vi en una de las noticias que se publican en Facebook, o sí alguien lo mostro en Instagram, pero uno o dos días despues ya me encontraba leyendo la descripción. No había terminado de leerla cuando me dominó un sentimiento imperioso que me llamaba a tenerlo en mis manos lo antes posible, listo para perderme en sus palabras. Hace tiempo que un libro no me hacía sentir algo así.
Okasan: Diario de viaje de una madre trata sobre los sentimientos y vivencias de una madre cuando va a visitar a su hijo que se ganó una beca para estudiar en Japón. En las páginas encontré un amor maternal del que soy ajena. Me conmovió mucho como la autora escribía de su hijo, me apasiono leer como contaba que su hijo encontró su lugar en el mundo. Ese lugar que siento que me falta, tal vez porque quiero olvidarme de que ya lo encontré. Con los ojos cerrados dejo de ver lo que elegí, me deja de pesar. Por mucho tiempo tuve esos ojos muy cerrados, con mucho miedo de abrirlos y ver por donde estaba caminando.
En las ciento cuarenta páginas que dura el libro, me teletransporte a una vida que no es la mía, una vida que jamás lo será. No me sentí más en Buenos Aires, no me sentí más en esa realidad, y entre ese mar de sentimientos me di cuenta de que por más de lo que adoraba mi nueva vida quería volver a la mía. A la que existe cuando cierro el libro. Quise volver a las palabras, sentidos, lecturas y idiomas que estudio en mi facultad. A como me siento cada vez que cruzo por su puerta. A lo que me gusta viajar hacia ella. A mi barrio que ya me lo sé de memoria, al centro de mi ciudad que recién comienzo a descubrir. A mis clases de japonés en la escuela japonesa. A los días que me paso mirando el mapa de Japón que pegué arriba de mi escritorio. La razón por la que hago todo lo que hago.

Abrí los ojos y me di cuenta de que mi lugar, por ahora, es justo en donde estoy.

Sigo añorando Japón con locura, sigo imaginándome caminando sus calles y perdiéndome en ellas. Me veo en un estado de euforia que me rebalsa. A el país que tanto me llama, lo veo como el final del camino que estoy transitando, una tierra a la que llego siendo una persona que todavía no soy.
Estoy convencida que esperar va a valer la pena. Mi momento va a llegar. Mientras tanto, vivo la vida como la puedo vivir, disfrutando lo que tengo y no extrañando lo que no. Con mucha resignación acepto que el amor que siente esa madre por su hijo no es la que mi mamá siente por mi. Nunca de esa manera, nunca con esa intensidad. Almuerzomama el mismo día que termino el libro con la aceptación de que lo que esta madre escribió de su hijo mi mamá jamás lo pensaría. Llego a mi casa y escribo pensando que la primera vez que descubrí el amor maternal fue con las páginas de este libro. Un poco me duele, y siento humedad en mi rostro. Es una lágrima. Me pregunto que sentiría mi mamá si lee este libro. ¿Culpa?, ¿Tristeza?, ¿Acaso entenderá lo que la autora escribe? No lo sabré, ella no lo leería.
Me pregunto que sentiría si tuviera una madre así. Una madre que viaja trenti seis horas para ver a su hijo del otro lado del mundo. Que luego escribe un libro sobre el. Que lo adora de una manera que me cuesta expresar con palabras. Una madre que quiere estar para su hijo. Ese sentimiento no lo voy a conocer, pero por suerte conocí muchos otros. Si es la pieza que me falta, voy a seguir viviendo sin ella.


Madres y Japón. Lo que me falta y lo que me apasiona. Lo que me pone triste y lo que me hace feliz.
Al final de todos los días, sueño con esas dos cosas. Una sola cosa de esas las dos se puede y se me va a hacer realidad. Creo que con esa sola me basta.

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